Sucede que a veces la vida mata y el amor te echa silicona en los cerrojos de tu casa, o te abre un expediente de regulación, y te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas. Sucede que a veces la vida mata y te encuentras solo y en este corazón no reciclable se hunden petroleros desahuciados y sospechas que provocan miopía en lanzadores de puñales. Sucede que a veces la vida mata y el invierno saca su revólver, te encañona en las costillas, te aterran los álbumes de fotos y el espejo, huele a pino el coche y el mar a gasolina.