El poder de la espada - Wilbur Smith
23.2.10
El marcador de tiempo hizo sonar la campana. Roelf salio de su rincon bailoteando con agilidad, ondulante, esquivando con una sonrisa leve sobre los guantes de cuero rojo. Ambos avanzaron en circulos, cada uno fuera del alcance del otro e invirtieron la marcha. Los labios de Roelf perdieron la sonrisa, tensandose en una linea recta y fina. Se evaporo su aire ligero; no esperaba semejante cosa. No habia puntos debiles en la guardia del niño que tenia ante si. El novato mantenia la cabeza gacha entre los hombros musculosos y se movia como si estuviera de pie sobre una nube. "¡Es un púgil!" Salto el enojo de Roelf. "Mintio; sabe muy bien lo que hace". Trató una vez mas de dominar el centro del ring, pero se vio obligado a salir otra vez, pues su adversario se movia amenazadoramente hacia la izquierda. Hasta el momento, ninguno de los dos habia intentado un golpe, pero la multitud acallo sus vítores. Presentian que estaban presenciando algo extraordinario; vieron como se alteraba la actitud indiferente de Roelf, vieron la intencion asesina en su modo de moverse y quienes lo conocian bien distinguieron las pequeñas arrugas de perturbacion e inquietud en las comisuras de sus ojos y su boca. Roelf disparo la izquierda en un golpe de prueba, sin que el adversario se dignara siquiera a esquivarlo: lo desvio con el guante, despectivamente, y la piel de Roelf se irrito con la potencia de ese contacto fugaz. Entonces miro profundamente los ojos de Manfred, utilizando su trquiñuela: dominar al adversario con la mirada. Los ojos de ese muchacho eran de un color extraño, como topacio o zafiro amarillo. Roelf penso en los ojos de un leopardo cebado que su padre habia cazado. En ese momento cambiaron, encendidos con una luz fria y dorada, implacable, inhumana. No fue el miedo lo que apreto el pecho de Roelf Stander, sino una pequeña premonicion de terrible peligro. Lo que estaba en el ring, ante el era un animal. El hambre era visible en sus ojos: un hambre enorme, asesina. Por instinto, lanzo un puño contra aquello.