Cruzo la carpa caminando tranquilamente para interventir en la escena. Tara lo saludo con frialdad, disimulando perfectamente el hecho de que el pulso le palpitaba, enloquecido en los oidos. Solo habia recobrado conciencia de lo mucho que lo añoraba al verle pronunciar su discurso, tan urbano y seguro de si, tan divertido e irritantemente buen mozo. "Eso si, no vamos a subir otra vez a la vieja calesita" se regaño, reuniendo todas sus defensas. Mientras tanto, el ocupo la silla contigua, sonriendole y bromeando ligeramente con ella, mientras la observaba con cierta admiracion, muy dificil de resisitir. Habian compartido muchas cosas: amigos, lugares, diversiones y peleas; el sabia exactamente como avivarle el sentido del humor. Tara comprendio que, si empezaba a reir, todo habria terminado. Se resistio a hacerlo, pero el debilitaba sus defensas con destreza, eligiendo el momento y las iba derribando tan pronto como ella las instalaba. Por fin, la muchacha se rindio con un tintineo de risas que ya no podia contener.
El poder de la espada, Wilbur Smith.