14.4.10

Como la certeza de que no sueñas conmigo negro era aquel bar donde se esconden los malditos amaneceres. Allí la encontré como un suicida asomado al borde del precipicio, amontonando maldiciones sobre la barra de aluminio. Temblaba en sus ojos el humo de mil cigarros que fumó con un tipo que la había besado, que la dejó una mañana dormida entre las dunas de su cama, que se fue con otra una madrugada, así la encontré. Alguien me contó que llevaba cien días encerrada en aquel bar, pidiendo fuego o alguna pista que le ayudara a encontrar la luz dentro del laberinto, el mapa donde está escondido el mar donde arden las promesas donde solía naufragar.

Gente no-timida

20-4-2010

Descubrime