Sabíamos no exigirnos mucho. Hola, ¿Qué hacés?, convidame un pucho que me tenés abandonada. Quiso el destino que esa noche hiciera frío y que el ruido de los coches me hiciera hablarte al oído. Y si el diablo se contenta con que dudes un instante, vos y yo, nuestras miserias y esta noche por delante amor.
¿Quién sabe?