Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos, ni yo mato por celos ni tú mueres por mí. De par en par te abro las puertas que me cerrás mientras me cuentan que el olvido no te sienta tan mal. Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento que muerde las esquinas de esta ciudad impía y la paz que has elegido es peor que mi guerra, aquella cama parece un hospital. Pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento desde un hotel de lujo con dos camas vacías. Cada vez son más tristes las canciones de amor.
