Nunca he sabido si lo que hay que contar son las batallas perdidas. Desde el principio al final van pasando los días y las despedidas visten un silencio amargo que grita a pulmón. Amanece y yo dormida, podes empezar sin mí. Hoy soñé con que el tiempo que pasa es carbón para las brasas de lo que un día seré y cuando empiece a quemar pienso correr para no ver lo que se quedo atrás. Se que de todo lo malo se saca un remedio, pero no se si se cura la desilusión. Y aunque se que el silencio no sabe entender, cuando llega la noche le cuento un secreto.