Como decía, pase unos días muy agitados y mil veces volvieron a mi cabeza las ideas oscuras que me atormentaban después de la visita a la calle Posadas. Tuve este sueño: visitaba de noche una vieja casa solitaria.
Era una casa en cierto modo conocida e infinitamente ansiada por mi desde la infancia, de manera que al entrar en ella me guiaban algunos recuerdos. Pero a veces me encontraba perdido en la oscuridad o tenia la impresión de enemigos escondidos que podían asaltarme por detrás o de gentes que cuchicheaban y se burlaban de mi, de mi ingenuidad. ¿Quiénes eran esas gentes y que querian? Y sin embargo, y a pesar de todo, sentía que en esa casa renacían en mi los antiguos amores de la adolescencia, con los mismo temblores y esa sensación suave de locura, de temor y de alegría. Cuando me desperté, comprendi que la casa del sueño era María.
El túnel – Ernesto Sabato