Mire ansiosamente su rostro duro, su mirada dura, “¿Por qué esa dureza?”, me preguntaba, “¿por qué?”. Quizá sintió mi ansiedad, mi necesidad de comunión, porque por un instante su mirada se ablando y pareció ofrecerme un puente; pero sentí que era un puente transitorio y frágil colgado sobre un abismo. Con una voz también diferente, agrego:
- Pero no se que ganaras con verme. Hago mal a todos los que se me acercan.
