Una vez mas, un clavo saco otro clavo. En realidad, esta vez un clavo oxido a otro. Cocol, al lado de Alejo, podría haber sido Robin Hood o la madre Teresa de Florencio Varela. Quiero decir, en comparación con alejo, Sadam Hussein merece el Nobel de la paz.
¿Como se puede amar y odiar a una misma persona? Bueno, es facil responder a eso. Alejo fue un estafador, y como todo ladrón, primero te vende el mejor hotel, con el más paradisiaco paisaje en tu ventana. Lo amas. Despues llegas a la playa y encontras un estanque de agua mugrienta. Lo odias. Asi son estas personas. Asi era el. Asi sigue siendo. Alejo era todo aquello que yo necesitaba: comprensión y sustento. No sabia demasiado de el, pero de algo estaba segura: cuando aparecía en la pantalla su nombre, mi corazón se distendía, me hacia vibrar. Alejo me hacia vibrar y sentir bien. Alejo era táctica pura, un estratega de los más astutos. En aquel momento, sin embargo, era la única razon por la cual sonreía y por la cual despertarme feliz. No fue muy difícil enamorarme de el, era todo lo que yo quería, lo que necesitaba en ese momento. (ahora cambien el nombre de Alejo por Agustin y entiendan cuán identificada me puedo sentir con este puto libro)