Además de que me abrase le pedí que me quisiera. Pudo lograr lo que nunca otro hombre pudo lograr, demostrarme de verdad que había tanta pasión junta dentro de mi corazón, ahí en su cama desparramado. Se notaba en el colchón más sudor que en cualquier otro y con carisias intentaba sanar mi corazón roto. Y yo sigo llamándolo pero ya no se viene a dormir. Si no hay mal que por bien no venga ¿qué bien te trajo hasta mí?