13.1.12

El prisionero del cielo - Carlos Ruiz Zafón

Un extraño solía visitarle a menudo. Olía a tabaco y a colonia, dos sustancias de poca circulación en aquella época. Se sentaba en una silla a su lado y le miraba con ojos impenetrables. Tenía el pelo negro como el alquitrán y los rasgos afilados. Cuando se daba cuenta de que el paciente estaba despierto le sonreía.
-¿Es usted Dios o el diablo? - le preguntó en una ocasión el moribundo.
El extraño se encogió de hombros y consideró la pregunta
-Un poco de ambos- respondió al fin.
-Yo en principio soy ateo - informo el paciente-. Aunque en realidad tengo mucha fé.
-A diferencia de usted, Fermin, yo si soy creyente, pero ya no tengo fé.

Gente no-timida

20-4-2010

Descubrime