24.6.13

El maestro de esgrima - Arturo Pérez Reverte

Adela de Otero se llevó dulcemente un dedo a los labios.
-Hablaremos de eso otro día, maestro —dijo en voz baja, con el tono de quien comparte un secreto. Miró a su alrededor e indicó el sofá con un gesto-. ¿Puedo sentarme?
-Se lo ruego.
Se dejó caer sobre la gastada piel color tabaco con suave crujido de faldas. Jaime Astarloa permaneció en pie, sintiéndose vagamente incómodo.
-¿Dónde se inició usted en la esgrima, maestro?
El viejo profesor la miró, socarrón. -Me encanta su desparpajo, señora mía. Se niega a ilustrarme sobre su joven vida, y actoseguido me interroga a mí... Eso no es justo.
Ella le dedicó una seductora sonrisa.
-Nunca se es lo bastante injusta con los hombres, don Jaime.
-Ésa es una respuesta cruel.
-Y sincera.

Gente no-timida

20-4-2010

Descubrime