Martin "Knocker" Thompson era difícilmente un caballero. Habría sido empresario de dudosos combates de boxeo y partidas (amistosas) de póker, que ya no dejaban la menor duda. Carecía de imaginación, pero no de viveza y de cierta habilidad. Su galera, sus polainas y la herradura de oro de su corbata podían haber sido mas charras, pero estaba tratando de despistar.No siempre iba a favorecerlo la suerte, pero el hombre se defendía. La explicación no era difícil: "por cada zonzo que se muere, nacen diez mas."