Si su mirada fueran dos pistolas yo no contaría el cuento, es que ella hace sangrar a los espejos. Si la cruzás tu cuello vale una limosna porque vas a quedarte sin hígado y sin dignidad, va a masticarse tus secretos, vas a ser la viuda de tus sueños y ella va a decirte: “Puedo mostrarte mi vida, pero no la mires mucho, no es que no tenga corazón, es que hace rato no lo uso.” “Puedo subirte a mi viaje, pero no te quedes mucho, no es que no use el corazón, es que hace rato no lo escucho.”